Introducción - Nucleo Seda

Seda

Kinu

La seda desempeña un papel fundamental en la cultura, la moda, la industria y la economía de Japón desde hace siglos y ya era un importante producto de exportación incluso antes de su producción industrializada. A medida que el proceso de fabricación fue avanzando, la seda japonesa fue ganando cada vez más reconocimiento mundial como producto de alta calidad. Desde las pequeñas granjas hasta la vida en la corte imperial, la seda ocupó un lugar destacado en la vida cotidiana de Japón y resultó crucial en las relaciones comerciales de la nación con Occidente. La provincia de Gunma es líder en cuanto a cantidad de sericultores y producción de seda cruda en Japón.

Cuando Japón abrió sus puertas al mundo occidental, el recién establecido Gobierno Meiji designó la seda en bruto como el principal producto de exportación del país. Con la Restauración Meiji (1868) el objetivo de convertir a Japón en una nación moderna y aumentar la riqueza mediante la promoción de nuevas industrias, el gobierno construyó fábricas, como la Fábrica de Seda de Tomioka, en Gunma, construida entre 1871 y 1872. La producción a larga escala, en un complejo de aproximadamente 140 metros de longitud que albergaba cientos de máquinas, la convirtieron en la fábrica de seda más grande del mundo en aquella época.

Tras 115 años de producción de seda cruda, la fábrica cerró sus puertas en 1987, pero se conservó y fue declarada Patrimonio Mundial de la Unesco en 2014. Además, el complejo de hilado y los almacenes de capullos fueron declarados Tesoros Nacionales de Japón.

La producción de seda se lleva a cabo en varias etapas, comenzando por la alimentación de los gusanos de seda (Bombyx mori) con hojas de morera por parte de los sericultores. Cuando alcanzan su pleno crecimiento, los gusanos de seda dejan de alimentarse y se vuelven translúcidos. A continuación, se retiran de las bandejas de alimentación y se trasladan a estructuras hechas de cartón, paja o bambú llamadas mabushi. En estas estructuras, tejen sus capullos de forma continua durante 2 o 3 días. Al tejer el capullo, la oruga del gusano de seda segrega una proteína gomosa llamada sericina, junto con una proteína filamentosa denominada fibroína. La sericina actúa como un pegamento, uniendo los hilos de fibroína para dar forma al capullo. Al cabo de unos diez días se produce la eclosión: la polilla intenta salir del capullo perforando un pequeño orificio en su superficie. Una vez roto el capullo, no es posible obtener un hilo continuo de seda cruda, por lo que una de las formas más comunes de preservar los capullos para mantener el filamento continuo consiste en sumergirlos en agua hirviendo. Esta operación ablanda las paredes interna y externa del capullo, disolviendo parcialmente la sericina. El filamento continuo de seda cruda mide entre 900 y 1.500 metros aproximadamente.

Los hilos de seda ya preparados se organizan en porciones dobladas o enrolladas en numerosas vueltas, conocidas como madejas, para pasar a la fase de tejido.

Los tejidos de seda son conocidos por su brillo singular, resultado de la forma triangular de la fibra, que actúa como un prisma que refracta la luz. El matiz de la seda cruda, antes del blanqueo, se denomina neri-iro (練色), un blanco con un tono amarillento que representa la coloración natural del hilo. Por su parte, la palabra shironeri (白練) se utiliza para referirse tanto a la seda blanca como a un color, que es un tono blanco brillante como la seda.