Introducción - Nucleo Papel

Papel

Kami

El papel tiene un gran protagonismo en la cultura japonesa. Lo primero que nos viene a la mente es la delicada práctica del origami, el arte tradicional de doblar papel, que requiere una gran destreza, pero ese es solo uno de los muchos usos que tiene este material.

De acuerdo a los registros, la fabricación de papel se introdujo en Japón en el siglo VII. Denominado kami (紙), su nombre tiene el mismo sonido que la palabra 神 (que también se lee «kami»), que designa a las deidades, entidades y espíritus de la naturaleza en la cultura japonesa. Aunque la ortografía y la etimología son distintas, hay una coincidencia poética en esa sonoridad que termina haciendo que el papel sea algo aún más especial, pudiendo entenderse como un medio para la expresión de lo sagrado.

En la práctica sintoísta, por ejemplo, los rituales y las ofrendas se realizan utilizando papel, como es el caso del haraigushi, un bastón de purificación compuesto por una varilla con tiras de papel blanco (o lino) atadas a uno de sus extremos. Un sacerdote lo agita sobre la persona, el lugar o el objeto que se desea purificar. También está el gohei, en el que se cortan tiras de papel en zigzag (blancas, doradas, plateadas o multicolores)y se fijan a una vara (llamada heigushi), hecha de bambú o madera, destinada a las deidades o que actúa como elemento de purificación. No menos importante es el shide, formado por tiras colgantes de papel o tela atadas a una rama de sakaki, a una varilla o a un shimenawa (cuerda sagrada de delimitación espacial), y que se encuentra con mayor frecuencia como parte de los instrumentos utilizados en rituales de purificación, aunque también se cuelgan de las cuerdas sagradas para simbolizar límites sagrados.

Además de esta dimensión simbólica, el papel artesanal tradicional japonés (conocido como washi) goza de gran importancia y su calidad es reconocida en todo el mundo. Elaborado a partir de fibras de plantas autóctonas como el kozo (morera del papel), el gampi (arbusto japonés del género Wikstroemia) y el mitsumata (Edgeworthia chrysantha), se caracteriza por ser resistente y flexible. Durante su proceso de producción, las fibras se tratan con esmero: al blanquearse en agua pura y secarse al sol, su superficie se transforma continuamente, revelando diferentes matices de blanco. Ligeras y de textura suave, sus fibras se superponen formando minúsculas capas de aire. Aunque el papel pueda parecer delicado, es difícil de rasgar, lo que le confiere diversos usos: como revestimiento de puertas y tabiques corredizos shoji y fusuma, que permiten la entrada de luz natural de forma sutil; en la creación de lámparas tradicionales del tipo andon; en la práctica de la caligrafía, como es el caso del sumi-e, y en la pintura tradicional japonesa (nihonga); e incluso en la producción de tejidos, como el llamado shifu.

La gran variedad de usos y posibilidades que ofrece el washi llevó a que las tradiciones de tres comunidades (Misumi-cho, en la provincia de Shimane; la ciudad de Mino, en la provincia de Gifu; y Ogawa/la aldea de Higashi-Chichibu, en la provincia de Saitama) fueran reconocidas como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco en 2014.