Shiori Watanabe

Shiori Watanabe (1984)

Sans room, 2017-presente.

Acuarios, tanque de riego, manguera, bomba, bacterias, arroz, sustrato.

 

Retroalimentación

Inspirada en la famosa cita del libro Tristes trópicos, de Claude Lévi-Strauss — “El mundo comenzó sin el hombre y terminará sin él”—, la obra Sans room, de Shiori Watanabe, propone imaginar un sistema «sin» (sans, en francés) la acción activa del ser humano, o al margen de él, donde otras formas de vida coexistan de manera interdependiente.

Shiori Watanabe (1984) es una artista radicada en Tokio. En el 2017 creó esta instalación, concebida a partir de organismos recolectados en el Jardín Imperial Fukiage, situado en las inmediaciones del Palacio Imperial de Tokio, donde solía jugar cuando era niña. El lugar es conocido por su biodiversidad y por ser un espacio natural prácticamente intacto, aún siendo en el centro de una gran metrópoli. Considerado un refugio biológico, su preservación se debe, en parte, al hecho de haber permanecido cerrado al público durante décadas, lo que permitió el desarrollo de un ecosistema propio.

Inspirada por este lugar que sobrevive entre los seres humanos, pero en interacción limitada con ellos, Watanabe reúne peces, plantas que crecían espontáneamente, bacterias y rocas, organizándose en tanques de agua conectados por mangueras, formando un ecosistema artificial cerrado, sostenido por la circulación continua del agua.

En la versión presentada en esta exposición, los elementos fueron repensados: bacterias microscópicas habitan un acuario, un cultivo de arroz se desarrolla en otro y rocas volcánicas componen el escenario geológico. La iluminación que envuelve la sala ha sido diseñada para estimular el crecimiento de las plantas, garantizando también la supervivencia y el buen funcionamiento del sistema como un todo.

Exhibida en el contexto de una muestra dedicada al agua, Sans room permite lecturas que relacionan el recurso hídrico y su circulación con la esencia de la vida que, para existir y perpetuarse, depende de ese flujo continuo. Lo que parece estar en juego no es solo un recurso natural, sino la propia posibilidad de la vida en un mundo posthumano.