Experiencia japonesa y contexto brasileño
En medio de cambios demográficos acelerados y riesgos climáticos crecientes, el futuro de la infraestructura hídrica mundial va más allá de reparaciones o modernizaciones puntuales. Según un informe de julio de 2025 del Foro Económico Mundial, es urgente implementar sistemas inteligentes basados en la tecnología, adaptados a las necesidades locales y promovidos mediante la cooperación entre gobiernos, empresas y la sociedad civil. El agua está en el centro de todas las actividades humanas; por eso, la resiliencia hídrica ha dejado de ser solo un tema medioambiental para convertirse en un elemento clave de la estabilidad económica y el desarrollo sostenible.
Japón se destaca como un país que combina innovación tecnológica, gobernanza participativa y visión a largo plazo en la administración de sus recursos hídricos. Con una fuerte tradición en políticas públicas vinculadas al agua, el país invierte en soluciones para el suministro urbano, el riego agrícola, la prevención de desastres naturales y el uso racional de los recursos. El compromiso japonés con el agua también se refleja en la implementación de sus investigaciones y tecnologías en otros países. En Brasil, esta cooperación es dirigida, en gran parte, por la Agencia de Cooperación Internacional de Japón (JICA), cuyo principio es estrechar las relaciones recíprocas y crear soluciones de manera colaborativa, respetando los contextos locales.
Entre estas iniciativas se encuentra el programa PRODECER (Programa de Cooperación Japonesa-Brasileña para el Desarrollo del Cerrado). Creado en 1979, se configuró como un proyecto piloto de cooperación financiera y técnica para el desarrollo agrícola sostenible orientado a la producción de cereales en el Cerrado brasileño, con especial atención hacia la irrigación eficiente, la modernización tecnológica de los sistemas y maquinaria, así como el apoyo para pequeños productores. El programa cultivó 345 000 hectáreas de tierra en una de las regiones más áridas de Brasil, que se convirtió en un importante centro agrícola del país, combinando técnicas e investigaciones japonesas y brasileñas.
Otra importante iniciativa fue desarrollada entre 2007 y 2010 en colaboración con la Sabesp (Compañía de Saneamiento Básico del Estado de São Paulo), centrada en el desarrollo de los recursos humanos y mecanismos necesarios para reducir las pérdidas hídricas y en mejorar la eficiencia en el suministro de agua. Este proyecto fue responsable por implementar tecnologías para la detección de fugas de agua y la reducción del volumen de agua no facturada, es decir, aquella que se capta y trata, pero se pierde antes de llegar al consumidor final. Se realizaron capacitaciones y entrenamientos con base en modelos japoneses de prevención y mantenimiento de sistemas hídricos, principalmente en el modelo de administración de agua de Tokio, y, gracias al financiamiento de JICA (2012 a 2019), estas acciones se extendieron a otros municipios del estado de São Paulo, lo que resultó en la mejora de los índices de fugas de agua.
Además de estos ejemplos, la JICA desarrolla más de 20 proyectos relacionados con el sector del agua y el saneamiento, ofreciendo su asistencia para afrontar los retos a los que Brasil se enfrenta. Ya sea mediante la modernización de las redes urbanas o el riego sostenible en la agricultura, Japón demuestra que el liderazgo en materia de agua es el resultado de la planificación y la innovación, así como también pasa por la colaboración internacional.